El nuevo


Recién salido de la facultad, acaba de conseguir una plaza de becario para hacer el doctorado. Sueña con hacer grandes cosas en el mundo de la ciencia. ¿Idealista? Tal vez... pero ¿no lo fuimos todos una vez?

El Profesor


"El profesor" es todo un mito dentro y fuera del Departamento. Lleva la friolera de 12 años con su doctorado, así que el día que decida escribir la tesis la tendrá que publicar en varios tomos. Aquellos que sabían su verdadero nombre hace tiempo que se marcharon. Tan sólo el Dr. Ácula lo sabe, pero lo ha olvidado.

El Dr. Ácula


El Dr. Ácula es un jefe de grupo déspota y perverso. No delega, obliga. No supervisa, examina. No ayuda, interfiere. Para el Dr. Ácula si no se es doctor no se es nada, así que sus becarios y técnicos no son mucho más que mano de obra barata para él. Yo de mayor NO quiero ser como él.

Sara


Dicen que una vez fue una becaria feliz, amable, simpática y risueña. Pero un largo doctorado bajo el yugo del Dr. Ácula puede acabar con cualquiera, y hoy, en la última fase de escritura de su tesis, sólo 2 adjetivos caracterizan a Sara: neurótica y volátil.

Borja


Borja es un muy competente técnico de microscopía... ...pero si su equipo del alma, el Atlético, pierde, es mejor no confiarle ningún trabajo. Seguramente empotrará tus muestras contra la pared más cercana si no eres Colchonero. Esto ocurre demasiado frecuentemente en la octava planta, allí dónde reside este curioso personaje. Se rumorea que sabe de qué equipo son los 333 investigadores del Instituto. Los Merengues y Culés hace tiempo que se pasaron a la electrofisiología. Tan sólo los Pericos suben al servicio de microscopía si el Atlético empata...
  

El comercial


El comercial de BioFarmaGen es un desastre nato, lo que los americanos definirían como un “loser”. Tan sólo tiene trabajo debido a que su tío es un importante accionista de BioFarmaGen y como favor gigantesco colocó a su sobrino en un puesto de la Compañía lo más inocuo posible, para minimizar los daños que este pudiera causar. Y lo cierto es que con el sobrino de comercial la Compañía pierde clientes a ritmos espectaculares. Su registro es de 2 catálogos anuales. A pesar de ello, y gracias al apoyo incondicional del tío, el chico sigue ahí al pie del cañón, con más moral que el Alcoyano.
  

Mauro


Mauro es un brillante investigador postdoctoral. Tan sólo tiene un pequeño defectillo, es un paranoico de dimensiones pantagruélicas que está convencido que todo el mundo del instituto quiere apoderarse de las fantasticas ideas de su proyecto. Es por ello que dicho proyecto es supersecreto y nadie sabe ni qué hace ni con qué objetivos. Acostumbra a estar en el laboratorio de noche, los fines de semana y las fiestas de Navidad para poder trabajar sin que nadie le “vigile”. No habla mucho con nadie para evitar que le estiren de la lengua. Nunca mira fíjamente a los ojos por miedo a ser descifrado. Jamas toma notas… guarda los resultados en su cabeza.
  

Ramón, estudiante de prácticas


Un estudiante en prácticas acostumbra a ser una bomba de relojería: sabes que va a explotar pero desconoces el alcance de los daños. Pues Ramón sería la bomba nuclear de los estudiantes. Cuando la lía, la lía a lo grande y suele dejar daños importantes en el material, en los que le rodean o incluso en el edificio. Una verdadera joya que necesita 25 horas diarias de supervisión. Ramón, el 'generador de entropía', es la prueba viviente que la habilidad en un laboratorio acostumbra a ser inversamente proporcional a las notas obtenidas durante la carrera.
  

Eustaquio, el de seguridad


Eustaquio es el vigilante de seguridad del edificio de investigación. Es una sorpresa mayúscula que alguien como él pasara los psicotécnicos y por descontado es una de las últimas personas del Campus que deberían llevar una pistola. Su aburrimiento durante las rondas nocturnas se traduce en comportamientos extraños que en más de una ocasión han provocado incidentes de vastas dimensiones. Dicen las malas lenguas que es consecuencia de un experimento secreto que se fue de las manos, realizado en los subterráneos del instituto hace muuuuuucho tiempo. Sea como fuere es un individuo a evitar.
  

Zoe


Zoe es una estudiante de doctorado que.... esto… pues… ella es… … … como la definiríamos…. ¿normal? Si, parece extraño que el sustantivo “investigador” pueda ir seguido del adjetivo “normal”. Es más, se trata de un hecho cuasi-único. Yo conozco muchos científicos/investigadores de todas las categorías habidas y por haber y la normalidad es más bien una “Rara Avis”. A parte de esto, ¿qué sentido tiene un personaje ‘normal’ en un cómic como doctorandos.com? Pues la respuesta es tan fácil como que en toda historia se necesitan actores secundarios y figurantes. En estas tiras, Zoe asume ese rol.
  

La Dra. Gón


La Dra. Gón era una joven y prometedora investigadora hasta cometió “suicidio” científico al aceptar una oferta para trabajar en este país. Se desconocen los motivos que incitaron a esta científica de origen asiático a cometer semejante atrocidad y no permanecer en su antiguo laboratorio de Tokyo: ¿una pasión desmesurada por la tauromaquia? ¿Un desenfreno de amor por la obra del arquitecto Gaudí? ¿Un entusiasmo exorbitante por la paella valenciana? ¿La siesta? ¿La sangría?... who knows…
  

Gabi, técnico de laboratorio


Gabi es un técnico de laboratorio un tanto holgazán. Ficha cuarenta minutos tarde cada día y desayuna en un tiempo récord de hora y media. Su tasa de enfermedad quintuplica a la de cualquier otra persona del centro. Los lunes acostumbra a ausentarse por “intoxicaciones alimentarias” aunque se sospecha que es por su agitada y etílica vida de fin de semana. En ese respecto, la máquina que más le gusta no es el espectrofotómetro precisamente, sinó la de Pacha Club. No es un lumbreras tampoco, así que se desconoce por qué no está en la puta calle desde hace años, y las malas lenguas lo atribuyen a que es familiar del Dr. Ácula.
  

Más personajes muy pronto...